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2011-06-09 - Carlos: SEXO A LA CARTA EN LA PATAGONIA I « Volver


Los hechos que contiene esta historia tuvieron lugar en fechas aún
recientes. Fue con motivo de una visita que hice a mis parientes lejanos
de Argentina. Además del encuentro familiar, mi viaje a tan larga
distancia era para aprovecharlo y hacer algo de turismo por aquellas
tierras. Después de una semana disfrutando de los principales atractivos
y de recorrer los barrios más interesantes de Buenos Aires, decidí que
los días que aún me restaban de vacaciones los ocuparía haciendo algo
por mi cuenta y de esta forma liberar a mis tíos, ya que no me apetecía
recargarles por más tiempo con las atenciones que mi presencia requería,
pues ellos, aunque extremadamente acogedores conmigo, tenían que
ocuparse también de sus propias obligaciones. De esta forma, pensé,
podría volar a mi aire por aquellas tierras, para mi exóticas y
prometedoras, en las que tal vez tendría la ocasión de conocer gente,
sumergirme en sus esencias y vivir más intensamente sus costumbres y sus
peculiaridades culturales. Así que decidí consumir la última semana en
este lindo país, visitando la bonita región de La Patagonia, una de las
más recomendadas y pintorescas de Argentina.

El mismo domingo, me despedí de mis familiares y en unas horas ya estaba
aterrizando en el pequeño aeropuerto de San Carlos de Bariloche, que
era la ciudad más importante de La Patagonia. Nada mas descender y
avistar la ciudad y sus alrededores, enseguida me di cuenta de que había
sido un acierto, por la inmensa belleza del entorno natural en que
estaba enclavada. Me desplacé directamente al Hotel Sunset, donde había
reservado habitación para una semana. La ubicación de mi alojamiento
estaba en el centro cívico de la ciudad y cerca del famoso lago Nahuel
Huapi. Era temporada alta, por ser invierno, y aquello estaba muy
concurrido de turistas procedentes de todas partes. Desde el primer
momento, me sentí muy a gusto en aquellos parajes tan singulares, con
tanta animación. Presentía que iba a tener vivencias extraordinarias en
aquel lindo rincón de la Tierra, que me esperaba una estadía llena de
alicientes; estaba eufórica, feliz y más comunicativa que nunca en aquel
ambiente de calidez humana que reinaba por todas partes, a pesar del
frío que estaba haciendo en esas fechas.
Como estaba viajando sola, lo más prudente sería no aventurarme
demasiado en la vida nocturna, hasta conocer mejor el ambiente. Ya me
inscribiría, al día siguiente, para las diversas excursiones que se
organizaban desde el mismo hotel.
Esa misma noche, como tenía que organizar mis cosas y terminar con mi
mudanza, después del largo vuelo de más de 1.600 Kms. que había tenido
que hacer, me dispuse a cenar en el restaurante del hotel. Después de la
cena, me acomodé en un salón que había en el mismo lobby del hotel, me
senté en la barra del bar para tomar algo y hacer tiempo hasta la hora
de dormir. El ambiente era muy tranquilo, ya que por ser las últimas
horas del domingo la concurrencia era escasa. Mientras tomaba un cóctel,
estuve preguntando algo a los camareros, que se desvivieron por
facilitarme toda la información que pedía. Se mostraban muy amables y
corteses conmigo. A mi lado, estaba sentado un caballero, con vestimenta
deportiva, de media edad, alto, de mirada penetrante y agradable, que
no dejaba de observarme con interés, pero discretamente. Era un hombre
bien parecido, de hermosos ojos azules, realmente atractivo, que todavía
conservaba el poderío físico y el encanto de la madurez temprana.
Parecía estar algo aburrido y con disposición a entablar conversación.
Presumí que de un momento a otro me iba a decir algo. Así fue, me abordó
con simpatía y discreción, estuvimos platicando mucho tiempo, tan
metidos en nuestra conversación que pasaron las horas sin darnos cuenta.
Me dijo llamarse Gabo, era argentino, separado, de 42 años, ingeniero
electricista y me estuvo relatando muchas cosas del lugar, de su persona
y su vida. Me recomendó no andar mucho sola por ahí, agruparme con
otros turistas para las excursiones y por si no me gustaba ir en rebaño
se ofreció a mostrarme las bellezas naturales de esa parte de La
Patagonia, pues estaba de vacaciones y tenía mucho tiempo libre. Su
proposición me pareció tentadora, pero tuve que hacer como que no la
escuchaba por razones de lógica prudencia, ya que también podía tratarse
de un cumplido de cortesía, además de no saber con certeza si era
persona recomendable. Sin embargo, en mi fuero interno no me importaba
aceptar y aventurarme con este desconocido de apariencia fiable. Parece
que su interés por mí era firme, pues insistió en su idea, y no cesó
hasta que venció mis débiles reparos y me hizo aceptar su compañía para
realizar juntos algunas excursiones. Quedamos en que al día siguiente
pasaría a buscarme por el hotel, con su auto. En el fondo me sentí muy
halagada, con la agradable y cómoda sensación de estar protegida y
atendida por alguien del país, que aunque algo mayor que yo, era un
hombre tan apuesto que nuestra diferencia de edad no era nada llamativa.
Parecía que era una persona, por quien podía dejarme llevar
tranquilamente. De esa forma tan inesperada se cruzaron nuestros
caminos.
Más tarde, durante los días que estuve con él, tuve ocasión de ojear su
diario y en la fecha del día en que nos conocimos, había escrito lo
siguiente:
“Hoy domingo, creo que ha sido un día de suerte para mí. Llevo varios
días de vacaciones, en la cabaña invernal que poseo acá en Bariloche y
desde mi llegada no he tenido nada que se salga de lo corriente, hasta
que esta noche decidí ir al centro de la ciudad para consolar un poco mi
soledad, antes de retirarme a dormir. He permanecido un rato de la
tranquila noche de domingo, en el bar del Hotel Sunset, pensando que tal
vez podría ver a alguno de mis amigos que suelen ir por allí. Me he
sentado en una mesa y miré si estaba alguien, pero no hallé ninguna cara
conocida. En el lugar solo había algunos de turistas; de pronto, he
visto a una mujer rubia que estaba sentada en la barra del bar, se veía
muy bella, con un imponente cuerpo y además estaba sola. En principio,
supuse que sería una turista del norte de Europa o francesa, pero
después, cuando se dirigió al barman, me he dado cuenta de que era
española. Me dije -woww…, española y qué belleza! no creo que haya
problemas con el idioma- Entonces, he decidido acercarme a la barra para
tratar de entornar una conversación con ella.
Cuando me he acercado he notado que usaba una dulce fragancia cítrica
que me erotizó el sentido olfativo, ya que me encanta que las mujeres
lleven ese tipo de aroma. Se veía que era bastante joven, aparentaba
menos de 30 años. Estando en la barra casi a su lado, me he volteado
para mirarla con firme insistencia e interés y enseguida me he dado
cuenta de que ella me estaba observando disimuladamente.
-Hola! Qué hace una mujer que viene de tierras cálidas y placenteras a este bello lugar tan gélido y nevado? -le dije.

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