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Dos días en San Luis:
De aquel viaje que relaté hace un mes atrás,
quedó pendiente lo que sucedió mientras estuve en esa tranquila ciudad de
provincia.
Aunque debo admitir que este circunstancial
amigo me demostró que la vida es tranquila pero en la intimidad los puntanos
son excepcionalmente fogozos a la hora de estar en la cama.
Así sucedió esa primera noche,en la que él me
invitó a cenar.
preparó un medio chivito asado en el horno. No
quiero dar detalles de lo que fue ese asadito. Pero debo decir que nunca había
comido algo tan delicioso. acompañado por vino mendocino de muy buena calidad.
Pero lo mejor de todo fue el "postre".
Lo "comimos" en el living. Con música folklórica, instrumental,
suave.
Él estaba vestido con un jean que le marcaba muy
bien el cuerpo. Y obviamente resaltaba un lindo paquete que yo no podia evitar
mirarlo continuamente. Aunque toda su figura me tenía muy caliente.
Nos sentamos en un gran sillón y él puso un
brazo en mi hombro y me acarició el cuello. Eso bastó para que me acercara a él
y dieramos comienzo a una sesión de franela le lujo.
Empujó mi cabeza hacia su pecho. Yo en un minuto
estaba recorriendo ese torso peludo con mis labios.
Desprendí los pocos botones de la camisa que
quedaban prendidos y con la lengua recorrí toda esa belleza de pectorales,
tetillas, abdomen. Volvía hasta el cuello y pasé la lengua hasta por las
axilas.
Yo estaba ubicado de rodillas entre sus
piernas y fui abriendo y bajando el jean. Quedó solo en boxers. El bulto de la
verga ya era como un mastil desafiante que tenía ante mi cara. Lo besé por
encima del boxer, recorriendo todo a lo largo llegando hasta las bolas.
El estaba con las manos sobre la nuca, disfrutando
del espectáculo. Finalmente bajé el boxer y me dedique a besar esa preciosa
pieza directamente. Mientras lo hacía fui sacándome la camisa y bajándome el
pantalón para liberar mi pija que quería libertad.
Mientras me comía la poronga de mi amigo me
acariciaba la mía y sentía cómo mi culo me imploraba conocer una pija así.
No sé cuanto tiempo estuve chupando,
lamiendo,recorriendo las bolas y hasta llegar al culito, duro apretado y muy
peludo. mi amigo jadeaba y demostraba que todo lo que le hacía lo empujaba
hacia el rogasmo cada vez más.
Pero yo quería ser penetrado y se lo dije. El
sín decir nada pero con una sonrisa muy especial me indicó que me ponga boca
abajo y ahí se acomodó. Me puso la cabeza enfrentando mi esfinter anal y fue
enpujando lentamente pero sin detenerse. Yo estaba bien lubricado y no le
resultó muy dificil llegar al fondo. Admito que me dolía pero no dije nada. Ese
dolor, muy pronto, se transformó en algo cada vez más placentero y agradable.
Especialmente cuando empezó a moverse.
Sentir, el peso del cuerpo, el contacto con sus
vellos, el chocar de las bolas el masaje interno que estaba recibiendo, no
tiene comparación.
Muchas veces me dijo, "así te gusta"?
y yo solo decía "SI...SI...SI.."
Se detuvo solo para colocarme de espaldas y
colocando mis piernas sobres sus hombros volvió a las arremetidas, con
mayor fuerza y más rápido. Así, jadeando y apretándose contra mí sentí
los chorros de leche. Estaba, con el rostro colorado, los labios apretados, y
cerrados los ojos.
Cuando se recuperó un poco, la sacó y se recostó
a mi lado. Yo lo abracé, le saqué el forro, que estaba lleno de leche, y le
hice una limpieza total de lo que había quedado en la pija que se fue poniendo
flácida.
Terminado esta sesión de aseo "oral".
nos fuimos al baño. El se preparó para orinar y yo me arrodillé a su lado
esperando ver la salida de su pis. Tenía mi cara a centímetros del fuerte
chorro. Le tomé la pija y así, orinando me la metí a la boca.
El pareció sorprenderse, pero,ante mi decisión,
siguió orinando.
Tragué una buena parte de su pis.
Después de darnos una ducha, nos fuimos juntos a
la cama donde dormimos hasta la mañana siguiente. El despertar del día
siguiente merece contarlo con detalles y eso haré en mi próximo relato.
Si les gustó espero comentarios a mi email
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