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2011-07-03 - Giorgio: El amor en el lugar de trabajo « Volver


Después de haber vivido algunas experiencias sin profundizar,
llegamos a la gran primer prueba de amor, eyacular por primera vez en su vida,
pero eyacular dentro de mí fue el pacto que duraría algo de tiempo, para esto te
recomiendo leas "mi
primera vez" y "su
primer eyaculación dentro de mí".
Después que nos iniciamos plenamente en el quehacer sexual,
en donde siempre había sido pasivo hasta el momento, nos dedicamos a buscar
momentos de encuentros que espero poder comentarles de algunos antes de llegar
al final de mis vivencias con mi amor platónico J.A.
Recordando lo maravilloso que fue el sentirlo dentro de mí,
seguimos haciéndolo y buscando cualquier momento, que si era para ayudarle con
la tarea, era para jugar, simplemente para dialogar, gracias a Dios su familia
ni mi familia nunca dejó de tenernos a ambos la confianza. A pesar de que era
menor que yo por unos dos años, aproximadamente, pude contemplar el desarrollo
pleno de su miembro, es decir, de conocerlo delgadito, logré verlo como iba
madurando eso sin contar las pericias y los grandes fajes que hacíamos. El hasta
este momento se mantenía activo, lo cual me elevaba cada vez que nos reuníamos:
Llegábamos al cuarto, le cerrábamos con llave y prendíamos la
tele, en donde poco a poco me acercaba y empezaba a fajear con él, le acariciaba
su miembro mientras se recostaba en la cama a lo ancho y no a lo largo. Duraba
un rato tratándolo de ponerlo a mil, después, le desabrochaba el pantalón y se
lo bajaba como cuando uno va al baño para hacer sus necesidades, pero le seguía
con tocamientos sobre la truza, lo cual a mi excitaba el tardarme en descubrirla
porque sabía que al final de la sesión sería mi premio, todo mío para mí, dentro
de mí.
Al bajarle las truzas, de igual manera que el pantalón, me
hincaba y se la empezaba a mamar, empezaba poco a poco por el glande y así me
iba hasta llegar al entronque, le jugaba con la lengua lo cual hacía que la
disfrutara, cada mamada era especial, según decía, solo ver sus expresiones me
hacía imaginármela dentro de mí. Después de mamarle buen rato me subía poco a
poco y le destapaba las tetillas y se las mamaba como niño recién nacido,
mientras me acariciaba mi cabeza y me empujaba a seguir mamando, ya que era
tiempo suficiente, me recostaba en la cama y me desprendía del pantalón y las
truzas completamente, se hincaba en la cama, una vez acomodados ambos a lo largo
y me la daba a mamar, para remojarla bien, pero al fin de cuentas terminaba con
poca humedad y seguía el mismo procedimiento de que sin manos me la metía como
si fuera mujer ya que siempre pasaba las piernas por su cintura facilitándole la
penetración. Poco a poco tuvimos que irnos dando cuenta que la posición que iba
a favorecer una relación más perdurable era la normal, yo bocabajo y el arriba
de mí, abriendo con sus piernas mis piernas y empujando sin remojar más que con
el líquido preseminal transparente que sale, el cual al humedecer la entrada del
ano facilitaba la penetración.
Una vez dentro a pesar del dolor, el placer era inmenso que
de no estar en zona habitacional los gritos de placer se hubieran escuchado a
todo lo que daba. Mientras me cogía, me decía imagínate que los demás de la
calle te estuvieran haciendo esto, lo cual me excitaba más ya que me lo decía en
voz baja y al oído. Después de varias cogidas así me dejaba sentir su leche que
era muy buena y abundante según lo llegué a sentir.
Dentro de esto para variar lugares, empezaba a trabajar en un
puesto de hamburguesas, le invité una tarde en que iba a ir temprano a preparar
todo y asear el lugar de manera que, confirmamos la fecha y se presentó:
Aproximadamente a las once de la mañana, le esparaba con unas
ansias que estaba a la vez muy inquieto y calientísimo, esperando la hora en que
habíamos quedado (11:00 a.m.). Llegó me tocó por la puerta de la cocina y al
asomarme y ver que era él mi corazón palpitaba a mil por hora, entrando me dijo:
¿Qué estás haciendo? El aseo de la fiesta de ayer le respondí, qué bien pero no
hay mucho tiempo para hacerlo o si? Me preguntaba, le dije que si había
suficiente tiempo. Por lo que mi mente se fue a volar imaginando que cómo estaba
trapeando el salón se me uniría por la espalda y me empezaría a fajear, pero del
comentario que hago no pasó, la escena anterior solo quedó en mi imaginación,
llegamos a la cocina y empece a hacerle tocamientos y a ponerme delante de él a
que disfrutara el tenerme de espaldas, esperando se encendiera a mil, íbamos un
poco rápido por el lugar en que estábamos.
Después de un rato de estar así me voltea de frente y le
empiezo a bajar los pantalones y las truzas, dejando su miembro a todo
esplendor, por lo que me acerqué a él, le empecé suavemente a jugar con él y mi
lengua, veía como se excitaba por el movimiento inconsciente que presentaba el
miembro; lo cual hacía que lo disfrutara, después le besaba, lo tocaba con mis
manos y otra vez jugueteaba con el pero ahora abarcando el glande, y así se fue
haciendo entre besos y jugueteos con la lengua hasta que en el momento menos
pensado lo tenía hasta los huevos. El tiernamente me acariciaba la cabeza y me
empujaba contra sí mientras empezaba a querer pompear (mete y saca) en la boca.
Interrumpí el acto y le dije quiero que me lo hagas pero nos
fuimos al salón y no pudimos por el alto riesgo de que alguien se asomara por
las ventanas; en la cocina, se me ocurrían cosas muy sádicas que no me atrevía a
decirle, lo que hicimos fue desocupar una barra que daba al frente del salón y
subirnos ahí. Me tenía en plena disposición porque al subirme yo, el acercó una
silla y se subió a la silla y me jaló poco a poco hacia donde estaba, y al
rodearlo con mis piernas en la cintura me la empezaba a dejar ir dentro lo cual
me dolió pero que placer sentí, sobre todo, por estarlo haciendo en mi lugar de
trabajo y ser la primera vez que tentaba su miembro y lo percibía dentro de mí,
hasta el tope. Qué inolvidable momento.
Una vez ensartado me volví a recorrer hacia la parte central
de la barra y él conmigo, de manera que le pedí que no empezara sino hasta que
le indicara, pues quería disfrutarlo dentro de mí, después de un rato que lo
excite apretando mi esfinter, le di luz verde y empezó el mete y saca, pero le
dije no tengas compasión, cogéme, metémelo, ensartalo todo, quiero más, y más me
aferraba a él, siendo una sensación que me hizo gemir de placer, como nunca lo
había logrado hacer, hasta le apretaba las piernas del gozo que sentía. Fue una
de las más largas cogidas que me han dado, en lo que llevo solo dos ocasiones
hemos durado más de dos horas entre faje y cogidas a fondo.
Fue tanto el mete y saca que se cansó sin venirse, por lo que
le recosté y me senté sobre su miembro disfrutándolo y saboreandolo con mi ano
que estaba insaciable, volvimos después de un rato a la posición original y ahi
al estar en el mete y saca echa un gemido con la última embestida en donde se
dejó venir en su esplendor.
Jamás lo había disfrutado tanto hasta ese momento, lo cual
sin ser orgasmo lo hicimos bien y lo disfrutamos tanto que no logramos algo
igual.
 
Si eres de Guadalajara y te interesa comprobar en vivo mis
primeras veces, estoy a tu disposición.
j.l.v.m.@gay.com
Después de haber vivido algunas experiencias sin profundizar,
llegamos a la gran primer prueba de amor, eyacular por primera vez en su vida,
pero eyacular dentro de mí fue el pacto que duraría algo de tiempo, para esto te
recomiendo leas "mi primera
vez" y "su
primer eyaculación dentro de mí", ahora
hacer "el amor en el lugar de trabajo".
Después que nos iniciamos plenamente en el quehacer sexual,
en donde siempre había sido pasivo hasta el momento, nos dedicamos a buscar
momentos de encuentros que espero poder comentarles de algunos antes de llegar
al final de mis vivencias con mi amor platónico J.A.
Recordando lo maravilloso que fue el sentirlo dentro de mí,
seguimos haciéndolo y buscando cualquier momento, que si era para ayudarle con
la tarea, era para jugar, simplemente para dialogar, gracias a Dios su familia
ni mi familia nunca dejó de tenernos a ambos la confianza. A pesar de que era
menor que yo por unos dos años, aproximadamente, pude contemplar el desarrollo
pleno de su miembro, es decir, de conocerlo delgadito, logré verlo como iba
madurando eso sin contar la pericias y los grandes fajes que hacíamos. El hasta
este momento se mantenía activo, lo cual me elevaba cada vez que nos reuníamos:
Llegábamos al cuarto, le cerrábamos con llave y prendíamos la
tele, en donde poco a poco me acercaba y empezaba a fajear con él, le acariciaba
su miembro mientras se recostaba en la cama a lo ancho y no a lo largo. Duraba
un rato tratándolo de ponerlo a mil, después, le desabrochaba el pantalón y se
lo bajaba como cuando uno va al baño para hacer sus necesidades, pero le seguía
con tocamientos sobre la truza, lo cual a mi excitaba el tardarme en descubrirla
porque sabía que al final de la sesión sería mi premio, todo mío para mí, dentro
de mí.
Al bajarle las truzas, de igual manera que el pantalón, me
hincaba y se la empezaba a mamar, empezaba poco a poco por el glande y así me
iba hasta llegar al entronque, le jugaba con la lengua lo cual hacía que la
disfrutara, cada mamada era especial, según decía, solo ver sus expresiones me
hacía imaginármela dentro de mí. Después de mamarle buen rato me subía poco a
poco y le destapaba las tetillas y se las mamaba como niño recién nacido,
mientras me acariciaba mi cabeza y me empujaba a seguir mamando, ya que era
tiempo suficiente, me recostaba en la cama y me desprendía del pantalón y las
truzas completamente, se hincaba en la cama, una vez acomodados ambos a lo largo
y me la daba a mamar, para remojarla bien, pero al fin de cuentas terminaba con
poca humedad y seguía el mismo procedimiento de que sin manos me la metía como
si fuera mujer ya que siempre pasaba las piernas por su cintura facilitándole la
penetración. Poco a poco tuvimos que irnos dando cuenta que la posición que iba
a favorecer una relación más perdurable era la normal, yo bocabajo y el arriba
de mí, abriendo con sus piernas mis piernas y empujando sin remojar más que con
el líquido preseminal transparente que sale, el cual al humedecer la entrada del
ano facilitaba la penetración. Una vez dentro a pesar del dolor, el placer era
inmenso que de no estar en zona habitacional los gritos de placer se hubieran
escuchado a todo lo que daba.
Mientras me cogía, me decía imagínate que los demás de la
calle te estuvieran haciendo esto, lo cual me excitaba más ya que me lo decía en
voz baja y al oído. Después de varias cogidas así me dejaba sentir su leche que
era muy buena y abundante según lo llegué a sentir.
Dentro de esto para variar lugares, empezaba a trabajar en un
puesto de hamburguesas, le invité una tarde en que iba a ir temprano a preparar
todo y asear el lugar de manera que, confirmamos la fecha y se presentó:
Aproximadamente a las once de la mañana, le esparaba con unas
ansias que estaba a la vez muy inquieto y calientísimo, esperando la hora en que
habíamos quedado (11:00 a.m.). Llegó me tocó por la puerta de la cocina y al
asomarme y ver que era él mi corazón palpitaba a mil por hora, entrando me dijo:
¿Qué estás haciendo? El aseo de la fiesta de ayer le respondí, qué bien pero no
hay mucho tiempo para hacerlo o si? Me preguntaba, le dije que si había
suficiente tiempo. Por lo que mi mente se fue a volar imaginando que cómo estaba
trapeando el salón se me uniría por la espalda y me empezaría a fajear, pero del
comentario no pasó, la escena anterior solo quedó en mi imaginación, llegamos a
la cocina y empece a hacerle tocamientos y a ponerme delante de él a que
disfrutara el tenerme de espaldas, esperando se encendiera a mil, íbamos un poco
rápido por el lugar en que estábamos.
Después de un rato de estar así me voltea de frente y le
empiezo a bajar los pantalones y las truzas, dejando su miembro a todo
esplendor, por lo que me acerqué a él, le empecé suavemente a jugar con él y mi
lengua, veía como se excitaba por el movimiento inconsciente que presentaba el
miembro; lo cual hacía que lo disfrutara, después le besaba, lo tocaba con mis
manos y otra vez jugueteaba con el pero ahora abarcando el glande, y así se fue
haciendo entre besos y jugueteos con la lengua hasta que en el momento menos
pensado lo tenía hasta los huevos. El tiernamente me acariciaba la cabeza y me
empujaba contra sí mientras empezaba a querer pompear (mete y saca) en la boca.
Interrumpí el acto y le dije quiero que me lo hagas pero nos
fuimos al salón y no pudimos por el alto riesgo de que alguien se asomara por
las ventanas; en la cocina, se me ocurrían cosas muy sádicas que no me atrevía a
decirle, lo que hicimos fue desocupar una barra que daba al frente del salón y
subirnos ahí. Me tenía en plena disposición porque al subirme yo, el acercó una
silla y se subió a la silla y me jaló poco a poco hacia donde estaba, y al
rodearlo con mis piernas en la cintura me la empezaba a dejar ir dentro lo cual
me dolió pero que placer sentí, sobre todo, por estarlo haciendo en mi lugar de
trabajo y ser la primera vez que tentaba su miembro y lo percibía dentro de mí,
hasta el tope. Qué inolvidable momento.
Una vez ensartado me volví a recorrer hacia la parte central
de la barra y él conmigo, de manera que le pedí que no empezara sino hasta que
le indicara, pues quería disfrutarlo dentro de mí, después de un rato que lo
excite apretando mi esfinter, le di luz verde y empezó el mete y saca, pero le
dije no tengas compasión, cogéme, metémelo, ensartalo todo, quiero más, y más me
aferraba a él, siendo una sensación que me hizo gemir de placer, como nunca lo
había logrado hacer, hasta le apretaba las piernas del gozo que sentía. Fue una
de las más largas cogidas que me han dado, en lo que llevo solo dos ocasiones
hemos durado más de dos horas entre faje y cogidas a fondo. Fue tanto el mete y
saca que se cansó sin venirse, por lo que le recosté y me senté sobre su miembro
disfrutándolo y saboreandolo con mi ano que estaba insaciable, volvimos después
de un rato a la posición original y ahi al estar en el mete y saca echa un
gemido con la última embestida en donde se dejó venir en su esplendor.
Jamás lo había disfrutado tanto hasta ese momento, lo cual
sin ser orgasmo lo hicimos bien y lo disfrutamos tanto que no logramos algo
igual.

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