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Luís Alberto López Barea es la persona
que más me había jodido en la vida y más he odiado. Desde los
parvulitos hasta el final del BUP, todos esos años, lo tuve sentado al
lado durante 9 meses. Era mi compañero de pupitre. Yo me llamo José
López Bermúdez.
Él es rubio, alto, con ojos azules. Yo,
bajo, moreno y con unos ojos castaños de lo más vulgar, tras gafas de
miope. Él sacaba muy buenas notas , yo regulares, malas no podía,
hubiera perdido la beca que me habían concedido para estudiar
bachillerato en aquel colegio de frailes, donde transcurría mi infancia.
Como compensación, ya que mis padres no pagaban las matrículas, yo
tenía que hacer de monaguillo. Así que a las 7 entraba para que los
frailes más madrugadores pudieran decir su misa. Porque Luís Alberto era
rico y yo pobre.
Acabamos el bachillerato y los estudios nos separaron. Él se hizo arquitecto, yo aparejador. Siempre era más, yo menos.
Nunca le había podido olvidar, le
odiaba. Y resulta que a los 38 años nos volvíamos a encontrar. Él “la
administración”, yo “la puta contrata”. En mi empresa cuando se
enteraron que el arquitecto que les había tocado en aquel instituto era
de mi “ cole”, como decía el dueño de la constructora, allí me mandaron
de jefe de obra. Y llevaba 8 meses volviendo a sentir aquella mala
leche que me corría las entrañas.
Pero lo que más me jodía de todo era que
estaba casado con el amor de mi vida y origen de mis complejos
sexuales: Marisa González Bocanegra.
Me enamoré de Marisa el día de su
primera comunión. Era normal que las hermanas de los alumnos comulgaran
con ellos. Marisa es la hermana de Juan , un niño del colegio, que tenía
además un compañero en mi clase: Julio. Yo tenía 10 años, ella 7. Y fue
la primera vez en mi vida que el pene se levantó siguiendo la ley del
instinto. Me empalmé cuando aquella preciosidad de enormes ojos negros
abrió la boca de labios carnosos y sacó la lengua sonrosada para
recibir la hostia. Yo, el monaguillo que sujetaba la bandeja de oro, me
di cuenta que esa era la mujer de mi vida.
Me hice amigo de su hermano Julio,
aprovechaba cada vez que podía para ir a su casa y poder mirarla. La vi
crecer, cada día más guapa.
La bomba que destrozó mi vida sexual
ocurrió en la fiesta de fin de curso de COU, yo con mis 18 años recién
cumplidos me declaré a una adolescente de 14 en un momento que estábamos
solos en el jardín. Llevaba una semana preparando lo que iba a decir y
soñándolo desde que la conocí.
Ella me miró sorprendida y me dijo: “
Pepe no te entiendo. Yo siempre pensé que ibas a ser cura como mi
hermano Julio, y que era él quien te gustaba. Ya sabes como es.Eres
agradable pero no eres mi tipo.”
Y me dejó con la boca abierta y el
corazón destrozado. Ella volvió a la fiesta y entre las lagrimas que
empañaban mis gafas , pude ver como bailaba en los brazos de Luís
Alberto.
Mi vida cambió al salir el colegio. Tuve
que compaginar trabajo y estudios. Era muy difícil. Mi padre me metió
en la pequeña constructora donde trabajaba de solador. El dueño, D.
Fermín, un navarro bruto y buena persona, me ayudó para que mis faltas a
clase no fueran muchas cuando se enteró que pensaba estudiar
aparejador. Mi paga se la daba a mi padre y yo andaba si un duro,
entregado a salir de la miseria y hacerme pajas. Me masturbaba un par de
veces al día, era mi desahogo de joven feo y pobre.
Acabé la carrera y subí en el escalafón
de la empresa. Sabía bien los oficios y la malicia de las obras, había
trabajado en lo más bajo, así que me fui convirtiendo en uno de los
dedos del jefe, decir que en su mano es mucho. Aproveché un edificio de
viviendas que estábamos haciendo para comprar un ático pequeño cerca de
la plaza de Roma.
Al irme a vivir allí no tuve que dar mi
sueldo en casa. Mis padres, más mayores, tenían menos necesidades y pude
disponer de dinero.
Me hice un experto en putas. Con una
puta fue mi primera vez y todas las semanas, el sábado. me follaba a
una. Siempre elegí chicas de primera y además el fin de semana eran más
baratas, pues la clientela tenía que estar en familia. El sexo pago es
gratificante por lo buenas que estaban las mujeres que me tiraba, pero
pese a que algunas de ellas habían acabado siendo amigas y en parte
confidentes, mi soledad sexual era enorme.
Seguía pensando en María Luisa González Bocanegra.
Así que tener que llevar a la final de
la Copa del Rey a Luís Alberto, marido, amo y follador de mi amor me
daba por culo, pero la pela es la pela. Y yo le esperaba para invitarle
a copas, jamadita y partido, y a lo que más quisiera.
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Estaba muerto, pero feliz, tomando un
café con churros en el bar debajo de mi casa. Leía la crónica del
partido del día anterior.
El imbécil de Luís Alberto se había
mamado como un perro. Se había dado al güisqui y al jamón desde que nos
juntamos y cuando su equipo perdió y ganó el mío ( me había hecho del
eterno rival , cuando de pequeño me explicó que él era del otro equipo
local y su papá le llevaba al campo) aumentó la ingestión alcohólica y
encima se empeñó en que le llevara a algún puticlub a tomar la
penúltima.
Cuando salimos no se tenía de pié, así
que no tuve más remedio que llevarlo a su casa en su coche, pues el
cabrón vivía en un chalet en Torrelodones. Yo sabía la dirección pues le
había tenido que mandar un par de regalos , atención de la contrata a
la administración.
La casa era acojonante, enorme, un
lujazo. Eran las 4.30 de la mañana y antes de llamar, meé, yo me había
dado a la cerveza y a la clara y necesitaba evacuar líquido. Cargué con
él y llamé a la puerta.
Nos abrió y me ocurrió como la primera
vez que la vi. Se me puso dura como 28 años antes. Estaba buenísima.
Llevaba una bata cerrada. Me reconoció.
“ Pepe, gracias por traerle”
“ Algo le sentó mal, ya sabes con la emoción del partido”- mentí, era mi obligación. Lo que tenía era un pedo como una catedral.
“ No le justifiques, se ha emborrachado. Le pasa a veces”
“¿ Quieres que te ayude a acostarlo?
Pesa bastante , es un peso muerto, y no creo que se despierte”- deseaba
quedarme viéndola todo el tiempo posible.
“ Te lo agradezco”- Yo lo cargué como un saco y lo llevé al dormitorio. Gracias a dios estaba en la planta baja.
Al ayudarme la bata se entreabrió y pude
ver el camisón transparente que llevaba y la carne ebúrnea que
desbordaba la prenda. Le dejamos tumbado en la cama. Volvimos al salón.
“ ¿Quieres tomar algo?”
“ Un café. Yo también he bebido y tengo que volver a Madrid. Volveré en el primer tren de la mañana”
La acompañé a la cocina. Creí que la
polla iba a reventar. Los años la habían convertido en una tía maciza,
guapa de cara, con un pedazo de tetas , un culo y unas piernas de pan y
moja.
Con la taza en la mano me miró y
preguntó curiosa: “ Mi marido me ha dicho que no te has casado. Pero que
andas con las prostis más lindas de Madrid”
“ La mujer que siempre he amado, me rechazó, y en la belleza de las mujeres con las que voy, sólo busco sustitutas.”
Sus ojos me recorrieron de arriba abajo, vi su mirada de asombro al fijarse en la tienda de campaña que marcaba mi erección.
Y me besó. Se me cayó el café. Y cuando se apretó contra mí, devoré su boca.
Un hambre salvaje nos inundó, sin
soltarnos fuimos al salón, le abrí la bata y acaricié enfebrecido su
piel desnuda. Marisa me soltó el cinturón y tiró del pantalón y el
calzoncillo hasta dejar mi polla al aire. Me empujó. Yo, con los
pantalones en los tobillos, me caí. Se paró con un pie a cada lado de mi
cintura y bajó hasta empalarse. Se movió como una jinete al galope,
hasta que solté toda mi leche entre sus convulsiones de placer.
El segundo polvo, ya desnudos, fue más tranquilo , pero igual de delicioso.
“ No sabía que tenías una polla así, tan gorda.”- me susurró mimosa abrazada.
“ Eso me suelen decir, pero…”
“ Pepe , tenemos que recuperar el tiempo perdido.”
“ Lo haremos, cariño.” – le musité convencido.
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Fermín, mi hijo mayor, sale triste del campo. Nos han eliminado.
“Papá, cuéntame”
No le puedo contar todo, como cambió mi
vida una noche. Como mientras le ponía los cuernos a Luís Alberto de
manera continuada, con alegría y alevosía, me di cuenta que tenía a
mano a la hija de mi jefe. Me puse de novio con ella, me case, tuve dos
hijos, se murió mi suegro, heredé la empresa y seguí follando con
Marisa, ahora más vieja y más puta.
“ La noche más feliz de mi vida fue el
22 de junio de 1992. Ganamos la Copa del Rey frente al Madrid, 2-0. Y
recuerda siempre los que dijo Luís Aragonés, el sabio de Hortaleza y
aplícalo a la vida. Estoy hasta los huevos de perder con estos, de
perder en este campo. Lo que vale es que sois del Atleti de Madrid
…..hay que salir y decir en el campo que solo hay un campeón y va de
rojo y blanco” Ya sabes lo que pasó. Schuster dijo que en su vida había salido más motivado y metió el primero, el segundo fue de Futre.”
“Pero fue hace mucho.”
“Mira hijo, como canta Sabina: lo
nuestro es una manera de sentir, de vivir , de aprender, de sufrir… Si
ganas siempre, no disfrutas de verdad, la noche que te toca pasarlo
bien”
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