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2011-08-25 - : Una noche loca junto a mi hijo. « Volver


Os diré que mi nombre es Elvira y que soy una cuarentona
que aún está de buen ver. Al menos eso me demuestran mis ocasionales
amigos con los cuales me relaciono siempre que puedo.
Hola a todos, lo primero que haré es enviar un saludo
a todo aquel que desee dedicar una parte de su precioso tiempo a leer
la historia que voy a contar. Pienso que lo mejor será presentarme y así
me conocéis. Os diré que mi nombre es Elvira y que soy una cuarentona
que aún está de buen ver. Al menos eso me demuestran mis ocasionales
amigos con los cuales me relaciono siempre que puedo. Estoy
separada.............. desde hace tres años y desde entonces me acuesto
con todo aquel hombre que me apetece o que me resulta interesante. He
follado igual con hombres de mi edad que con algún que otro joven
marchoso que me he encontrado en alguna discoteca cuando he salido con
mis amigas.
Me describiré físicamente para que me conozcáis
mejor. Tengo 45 años y llevo el pelo rubio corto a lo \"garçon\" el cual
me da un aire un tanto andrógino que, por lo que veo, produce bastante
morbo a los hombres. De cuerpo, tal como os dije, no estoy nada mal pues
conservo una figura bastante interesante ya que siempre he sido
delgada. Mido 1,64 y peso 53 kilos, tengo unos senos apetecibles, unas
piernas de muslos duros y prietos que me gusta mostrar con faldas cortas
o realzar con tejanos ceñidos que remarquen igualmente mi apetitoso
trasero. Todo ello me gusta combinarlo con zapatos o botas de alto tacón
que hagan resaltar mi bonita silueta.
La historia que paso a relataros tuvo lugar
apenas hace dos meses y debo reconocer que superó todo lo vivido hasta
entonces. Tengo una hija de 26 años que tiene un novio desde hace un año
escaso y con el cual me visitan de vez en cuando pues ya viven juntos.
En fin, cosas de la juventud de ahora. Si yo hubiera podido hubiese
aprovechado la ocasión igual que hacen ellos, viven las relaciones y el sexo
de forma muy distinta a como lo hacíamos en mi época. Pero lo que voy a
contaros no tuvo como protagonistas ni a mi hija ni a su novio sino a
mi hijo Gonzalo.
Gonzalo tiene 23 años y es mi ojito derecho.
Siempre me he desvivido por él, seguramente al ser el menor de los dos
hermanos le he prestado mayor atención que a mi hija. Le gusta mucho el
deporte por lo que posee un cuerpo bastante atlético. Es bastante alto
pues mide 1,84 centímetros y es de complexión delgada gracias al
ejercicio que practica. Le gusta cualquier deporte y siempre que puede
está en el gimnasio haciendo su tabla de ejercicios o bien en la
piscina.
Todo se desencadenó a raíz de una noche en que
volví a casa tras tomar un café con unas amigas. Sería sobre la hora de
cenar, cerca de las diez. Al abrir la puerta de casa escuché débilmente
unos leves gemidos femeninos procedentes del salón. Sin poderlo evitar
me acerqué sigilosamente hasta la entrada del salón y la escena que viví
me produjo una calentura inenarrable.
Me encontré a mi hijo follando con su amiga
Miriam a la cual conocía desde siempre pues ambos iban al colegio desde
pequeños. Aquella jovencita estaba apoyada en la mesa del comedor de
espaldas a mi hijo el cual la taladraba con grandes muestras de placer.
La tenía sujeta de su larga cabellera color azabache mientras ella se
acariciaba con evidente placer uno de sus erguidos senos. La verdad es
que me excitó bastante la imagen, sobre todo ver desnudo a mi hijo,
entrando y saliendo sin parar del interior de su joven compañera. Le
cogió con fuerza una de sus piernas levantándola a un lado para
facilitar la penetración. Le clavaba toda la longitud de su verga hasta
golpear con sus cargados huevos contra la húmeda entrada de la muchacha.
Me sentí orgullosa de la vitalidad que demostraba mi hijo, era igual
que su padre cuando era joven. No pude menos que meter mi mano en el
interior del abrigo buscando mi entrepierna por debajo de la falda.
Empecé a masturbarme introduciendo uno de mis dedos en mi lubricada
vagina. La polla de Gonzalo era grande como jamás la había visto y la
muchacha gritaba como una descosida recibiendo las embestidas de mi
hijo.
Me encanta cariño, sigue follándome. No te pares,
ahhhhhhhh. Me llena por completo, tienes una polla infatigable. Dios
mío, que bueno es esto.
Muévete más deprisa. ¿Te gusta cómo te follo?
Tienes un coñito muy mojado. Me encanta follarte, me gusta ver como te
la tragas entera.
Más, más, así sigue asíiiiiii. Qué polla tan
estupenda, qué larga la tienes amor. Córrete dentro de mí, quiero sentir
tu leche dentro de mí. Lléname siiiiiii.
Ví como Gonzalo se quedaba quieto detrás de
Miriam y como ambos lanzaban fuertes alaridos de placer. La explosión de
mi hijo había llegado a su fin y llenaba por completo el conducto
vaginal de su amante la cual degustaba aquella copiosa corrida mostrando
una cara de enorme placer. Mantenía los ojos cerrados sintiendo como su
vagina se llenaba con el líquido masculino que le ofrecía mi querido
hijo.
Mientras iba recuperando la respiración y en un
momento de descanso, Miriam giró la cabeza hacia la puerta y abrió los
ojos relamiéndose los resecos labios. Al verme en la puerta del salón
gritó fuertemente y se separó de mi hijo al instante. Ninguno de los
tres supimos qué hacer o qué decir en semejante situación. Miriam se
puso a llorar debido a la vergüenza que le produjo ser descubierta por
la madre de su pareja. Intenté tranquilizarles diciéndoles que era algo
normal a su edad y que no pude evitar descubrirles. Evidentemente esto
último era totalmente falso tal como comenté anteriormente. La verdad es
que no me esperaba encontrarles follando de aquel modo..
No pude pegar ojo en toda la noche, no podía quitarme de la cabeza aquel fantástico polvo .
Tuve que masturbarme en tres ocasiones rememorando la escena de mi hijo
con su joven amiga. La verga de Gonzalo se convirtió en una obsesión
para mí. Durante las siguientes noches imaginé cantidad de escenas
tórridas estando entre sus brazos. Incluso debo confesar que al
acostarme con uno de mis esporádicos amigos mis pensamientos se
dirigieron en todo momento hacia mi hijo. Imaginé que aquella verga que
se insertaba dentro de mi cuerpo, que aquellas caricias, que aquel semen
que llenaba mis entrañas eran los de Gonzalo. Vuelvo a repetir que me
sentía completamente hechizada por el recuerdo de aquella noche. Diréis
que estoy loca y seguramente será cierto, pero cuando el deseo se
instala en nuestras mentes no existe espacio para la razón.
Fueron pasando los días y ni mi hijo ni yo
hicimos comentario alguno sobre lo ocurrido. Yo seguía fantaseando con
él en mis momentos de soledad masturbándome mientras iba ideando miles
de situaciones en las que los protagonistas éramos ambos. Me lamía los
senos con sus gruesos labios arrancándome gemidos de placer, me dedicaba
a comerle su masculinidad como nunca lo había hecho con ningún otro
hombre, le ofrecía mi agujero posterior con evidentes muestras de
agrado…..Mientras Gonzalo estaba fuera de casa lograba mantener la calma
pero en cuanto llegaba de la calle su sola presencia me hacía
encerrarme en el baño o en mi dormitorio para masturbarme como una
colegiala pensando en su amor platónico.
Gonzalo sabía de mis escarceos amorosos pues en
alguna ocasión habían venido a recogerme para salir un rato.por ahí. No
me escondía ante él y le comenté que no pensaba juntarme con otro hombre
ni mucho menos volverme a casar pero que aún era joven y que tras
separarme de su padre necesitaba la compañía de algún hombre de vez en
cuando.
Había quedado un sábado sobre las diez con mi
última conquista para ir a bailar a una conocida discoteca de la ciudad
en la que se reúne gente de mi edad, algunos treintañeros en busca de
algún rollo de una noche pero la mayoría de la gente ronda los cuarenta o
incluso los cincuenta.
Como siempre me pasa estaba nerviosa mirando mi
abundante vestuario en busca de algún conjunto provocativo que realzara
mis curvas. Colgaba y descolgaba ropa sin cesar escogiendo diferentes
blusas y faldas o bonitos vestidos de tirantes con pronunciados escotes.
No acababa de decidirme por ninguno de ellos cuando de pronto ví que
Gonzalo se encontraba en la puerta de mi dormitorio observando divertido
mi difícil elección. Gonzalo sabía lo trabajoso que se me hacía
decidirme por el vestuario adecuado y en muchas ocasiones me ayudaba a
elegir las prendas más apropiadas.
Aquella tarde hacía frío así que me aconsejó alguna prenda que me abrigase bien pero sin que me diese mucho calor.
Mamá ¿por qué no te pones este jersey que tan bien te queda?
Ummm, ¿este jersey negro de cuello cisne crees que me sentará bien?
Estoy seguro que se te comerán con los ojos cuando te vean con él puesto.
De acuerdo, te haré caso como siempre.¿ Y con qué lo conjunto? ¿Falda o pantalón?
Creo que con estos tejanos blancos tan ceñidos
estarás preciosa. Y luego las botas altas de caña. Y para acabar ponte
el collar de perlas que te regaló papá.
No sé si ponerme sujetador o no. Me molesta tanto y con el jersey tan ceñido me las sujetará sin problemas……
Creo que estarás más sexy sin sujetador. Si fuera tu acompañante preferiría que no llevases para que se marcaran los pezones por debajo de la tela.
Pero Gonzalo, ¿Qué dices? ¿Crees que realmente aún soy sexy?
Pues claro, que tonta. Veo muchas mujeres
de tu edad que se conservan mucho peor que tu. Debo reconocer que si no
fueses mi madre te tiraría los trastos sin dudarlo. Eres una mujer muy
elegante, de buena figura y realmente sexy.
Esas palabras de Gonzalo me hicieron ruborizar.
Que me hablase de ese modo tan natural me sorprendió. Me humedecí en
unos segundos y me volví de espaldas a él diciéndole que iba a ducharme y
a cambiarme al baño y que enseguida estaría lista y que esperaba que me
diese su opinión.
Nada más entrar al baño me deshice con rapidez
del jersey y no pude soportar por más tiempo la calentura que me
recorría el cuerpo. Escuchar aquel piropo de mi propio hijo me puso
cachonda perdida. Qué ganas tenía de que me hiciera suya!!! Me desnudé
por completo y me introduje en la ducha abriendo el grifo del agua fría
para tratar de rebajar la excitación producida por la conversación
mantenida con Gonzalo. Decidí que la mejor opción para lograrlo sería
masturbarme aprovechando la humedad del agua y el tacto del gel sobre mi
cuerpo. Debía ir con cuidado de no gemir con fuerza para que Gonzalo no
me oyese. Diosssssss!!!! Deseaba con todas mis fuerzas sentirme
estrechada entre sus poderosos brazos, ser acariciada por todos los
rincones de mi cuerpo.
Eché algo de gel en la mojada esponja hasta
conseguir abundante espuma y a continuación esparcí la misma sobre mis
bonitos pechos logrando sin dificultad que mis pezones se erizaran al
momento. Subí hacia mi cuello bajando a continuación por el costado
hasta llegar a la cadera pasando de ahí a las nalgas las cuales enjaboné
a conciencia. El roce de la esponja sobre mi cuerpo me hacía estremecer
a cada instante, tuve que cerrar los ojos fantaseando con la presencia
de Gonzalo a mi lado masajeándome sin parar. Llevé los dedos a mi húmeda
cavidad buscando rebajar el deseo que me dominaba. Mordí con fuerza mi
labio inferior tratando de evitar los suspiros que estaba a puntos de
exhalar. Me masturbé sin descanso aprovechando la humedad de mi vagina
acariciando el botón de mi clítoris hasta conseguir que el mismo se
endureciese gracias a la acción de mis dedos. Acompañé aquel delicioso
tratamiento sobre mi candente botón con un suave masaje a uno de mis
senos. Me masturbé de un modo más salvaje buscando el necesario desahogo
a mi creciente excitación. Olvidé por un instante la cercanía de mi
hijo y emití un fuerte suspiro de placer tras el cual escuché como
Gonzalo abría la puerta del baño encontrándome completamente desnuda y
masajeando mi clítoris como una loca. Nos quedamos mirando a los ojos
por unos segundos, el rostro de mi hijo pasó de la sorpresa por ver a su
madre desnuda ante él a una mirada de lujuria indisimulable. Repasó mis
maduras curvas pasando de mis abundantes pechos a mi cara de vicio
pidiéndole que me hiciera suya. Dirigí mis ardientes ojos hacia su
entrepierna observando con agrado el bulto que se iba formando bajo el
pantalón del chándal. Aquello iba creciendo a marchas forzadas y ninguno
de los dos deseaba que aquello dejase de suceder. Estaba preparada para
entregarme por completo a mi hijo, todos los prejuicios morales se
habían ido al garete. En esos momentos ya no éramos madre e hijo sino
simplemente un hombre y una mujer deseosos de conocer todos aquellos
rincones que nuestros respectivos cuerpos podían ofrecernos.
Salí de la ducha sin secarme y me dirigí hacia
Gonzalo abrazándome a él con fuerza uniendo mi cuerpo al suyo tratando
de reconocer las zonas más sugestivas de su joven anatomía. Le besé con
gran placer abriendo mi boca y entregándole mi sugerente lengua para
enredarla junto a la suya. Acaricié con gran placer sus poderosas nalgas
atrayéndolo hacia mi. Apoyé su músculo contra mi pubis y al notarlo
emití un fuerte sollozo de satisfacción. Gonzalo me volvió de espaldas a
él mirando al amplio espejo del baño y se apretó contra mí haciéndome
notar su cada vez más dificultosa respiración. Me deleité rotando mis
juguetonas posaderas contra su excitada entrepierna la cual iba
alcanzando cada vez un tamaño más portentoso. Mi querido hijo empezó a
comerme el lóbulo de la oreja arrancándome pequeños quejidos de ahí
pasó a mi cuello chupándolo con evidente placer y finalmente me separó
el cabello a un lado y se hizo con mi nuca a la cual dedicó una gran
cantidad de caricias logrando hacerme alcanzar el primero de mis
orgasmos.
Dios mío Gonzalo, cuánto tiempo he deseado esto.
Seguramente pensarás que estoy loca pero me encanta lo que me haces. No
me siento culpable por ello, sólo deseo que esto no acabe nunca.
Me sentía excitada como jamás lo había estado, me
sentía protegida por la presencia fuerte y vigorosa de mi hijo.
Suspiraba porque me hiciera suya, por sentir su dura herramienta en el
interior de mis lubricadas entrañas. Pero antes quería comerme su polla y
degustarla hasta el final.
Le agarré de la mano y le hice acompañarme hasta
el salón. Deseaba reproducir fielmente la escena vivida hacía apenas
unos días. Tumbé a Gonzalo en el espacioso sofá situándome a caballo
sobre él ofreciéndole mis excitados senos los cuales lamió sin hacerse
de rogar. Su pene quedó atrapado entre su pubis y el mío. Abrió su boca
ofreciéndome su caliente lengua para que me hiciese con ella. Ambas
lenguas se hicieron una sola iniciando un combate desesperado. Besó mi
cuerpo mientras apoyaba mis duros pezones contra su varonil pecho.
Estuvo un buen rato chupándome el cuello bajando lentamente hasta llegar
a mis pezones los cuales devoró con glotonería. Los pezones se
endurecieron al momento pues es una de las zonas más excitables de mi
cuerpo. Introduje mis dedos en su sedoso cabello haciendo que siguiera
con aquellos lametones que tanto placer me daban. Bajé hacia abajo en
busca de mi ansiado objetivo dirigiéndome a su entrepierna. Llevé hacia
atrás la piel que recubría su morado glande y me quedé mirándola durante
unos breves instantes adorándola con cara de viciosa. Miré a Gonzalo y
cerrando los ojos acabé comiéndome su masculinidad por completo. Rocé
con gran complacencia por su parte sus repletos colgantes mientras iba
subiendo y bajando a lo largo y ancho de su glorioso tronco.
- Mamá por favor, para o no voy a resistirlo mucho más...., -apenas escuché que me decía con voz temblorosa.
Hice caso omiso a sus palabras e insistí en mis
operaciones orales lengüeteando a cada paso con mayor ligereza
ayudándome al mismo tiempo con el fuerte masajeo de mi mano hasta
obtener finalmente el deseado semen de mi hijo. Llenó por completo mi
sensual y voluptuosa boquita con su abundante descarga la cual me ahogó
teniendo que dejar escapar parte de aquella estupenda corrida a través
de la comisura de mis labios. Parte de su blancuzca catarata fue a parar
a mis senos sobre los cuales la esparcí con gran satisfacción.
- Me corrooooo, mamá, sí, asíiiiiii, cométela
toda, ummmmm. No aguanto más, tragátelo todo. Dios mío qué bueno ha
sido, menuda mamada me has pegado, me ha encantado.
Dejé que ambos recuperáramos algo de fuerzas,
sobre todo Gonzalo y me recreé chupando aquel pene familiar mirando de
dejarlo bien aseado. Gracias al trato dispensado noté con gran
entusiasmo como tras unos minutos aquella monstruosa virilidad volvía a
responder a mis habilidosas caricias. Fue aumentando de tamaño con algo
de dificultad pero observé con agrado su lento pero irremediable
crecimiento. Dios, quién fuera joven!!!! Su aparato alcanzó un aspecto
desafiante mostrándose orgulloso ante mi atónita mirada. No aguanté por
más tiempo la necesidad de tomar posesión de aquel músculo que colgaba
entre sus piernas y lo sujeté con fuerza llevándolo a la entrada de mi
empapada vagina. Me apoyé sobre él y fui dejándome caer notando la
presión ejercida por aquel adorable intruso tratando de abrirse camino
con cierta dificultad. Mi vagina fue dilatándose hasta conseguir acoger
su enorme miembro el cual fue ingresando paso a paso en mi inflamada
cavidad. Aquel órgano me quemaba por dentro partiéndome en dos. Primero
fue su redonda cabeza la que noté rasgando mis entrañas abriéndose paso
con cierta dificultad. Quedé con los ojos en blanco sintiéndome llena
por completo. Aquella polla era fantástica, aguanté la respiración hasta
lograr acomodar aquel sable en mi conducto vaginal.
Mientras vibraba debido a la agitación y al
nerviosismo que me abrumaban, y entre los estertores que se me escapaban
sin remedio le rogué que me follara...
- Claro que te voy a follar, me susurró al oído.
- Sí Gonzalo, por favor, házme tuya.
- Te voy a follar como nadie te ha follado, lo estoy deseando desde hace rato, te deseo madre.
- Oooohhhh sí vamos. Fóllame venga no lo resisto más, quiero tenerte dentro de mí.
Gonzalo me levantó del sofá sin aparente
dificultad y me condujo hasta la pared haciéndome apoyar en la misma
echada hacia delante y ofreciéndole mi interesante trasero. Se despojó
del jersey, de la camisa y de los molestos zapatos y se pegó contra mí
abriendo con sus piernas las mías mientras notaba su erección luchando
con mis apetitosas nalgas. El enorme bulto de su polla, aquella que vi
el famoso día en que lo pillé con su amiga y que tantas y tantas veces
había imaginado estaba apretándose contra mis encendidas posaderas.
Buscó en el bolsillo del pantalón hasta
encontrar un condón y lo extrajo de su envoltorio le ayudé con mi
insaciable boca para que cubriera su hermosa herramienta y una vez hecho
dicho trabajo volví a ponerme de cara a la pared en la posición
anterior. Sin decir palabra se colocó detrás mio entre mis abiertas
piernas y presionó con la punta de su lanza sobre mi coñito que se
mantenía alerta en espera del manjar que pensaba comerse. Me la clavó
por completo, lancé un breve gruñido al notar la entrada de aquel
terrible invasor en mi vagina, la apreciaba como jamás había sentido una
polla entre mis piernas, los pequeños mordiscos de Gonzalo en mi hombro
me hacían ver las estrellas, era fuerte pero al mismo tiempo delicado
en sus movimientos. Le separé un poco de mí para poder observar aquel
horrible instrumento entrando y saliendo lo cual produjo un nuevo
orgasmo en mí.
- Joder Gonzalo, no lo soporto más, me corro otra vez, Diosssssss.
- ¿Te gusta lo que te hago? ¿De veras?
- Ostias, pues claro que me gusta. ¿Cómo puedes preguntar semejante tontería?. Me encanta cabrónnnnn! No te paressss.
- Me vuelves loco, es un placer follarte. Sólo deseo hacerte feliz.
- Ah cabronazo que gusto me das. Máaas, dame fuerte, másss, sigueeeeeeee!!
- Mmmmmmmmm que coño más lindo tienes, me encanta hacerlo mío.
- Oooooh sí mi niño, es todo tuyo. Fóllalo ahhhhhhhh.
Puedo asegurar que aquella fue la mejor corrida
de mi vida, perdí la noción de cuánto tiempo se prolongó pero lo que sí
puedo asegurar es que tuve tiempo de implorarle que no parase, que aquel
suplicio no acabase nunca, gemí sin descanso berreando de todas las
formas posibles, me encantó insultarle ya que nunca me había expresado
de aquel modo haciendo el amor. Debo reconocer que me puso excitadísima
aquella inesperada situación.
Gonzalo resistía manteniendo la polla tan dura
como al principio, no daba síntomas de cansancio, martilleaba una y otra
vez en mi agotada vagina. Acarició mi estrecho culito con uno de sus
dedos lo cual hizo que lanzara un profundo suspiro. Hasta ese momento no
había pasado por mi loca cabecita la idea de ser sodomizada por mi
hijo. Aquel imperceptible contacto consiguió que mil ideas acudiesen a
mi cerebro. Le pedí que me follase el culo, que no tuviera compasión de
mí. No muchos hombres habían probado aquel oscuro agujero pero decidí
entregarselo a mi querido hijo. Escupí sobre mi mano dirigiéndola a la
entrada de mi esfinter para lubricarlo convenientemente. Aquel usurpador
era demasiado poderoso para mí y sabía que podía destrozarme si no
ayudaba a la tan deseada penetración. Gonzalo se puso de puntillas para
quedar a mi altura y trató de forzar mi conducto posterior. Presionó con
evidente esfuerzo mi anillo anal pues me costaba dilatar mi recto como
consecuencia del temor que me producía su mastodóntica barra de carne.
Alargó una de sus manos hasta llevarla a mi encharcado coñito y gracias a
la fricción de sus dedos sobre mi hinchado clitoris conseguí relajarme
y de ese modo su monstruoso glande fue abriéndose paso en el interior
de mi esfinter. Lancé un terrible alarido al recibir a semejante
prodigio humano. Perdí el sentido durante unos breves instantes tratando
de acomodarme a sus embestidas. Gonzalo quedó quieto unos segundos
dándome a degustar aquella magnífica polla. Una vez entró su redonda
cabeza el resto ya fue fácil. Entró centímetro a centímetro hasta
ingresar la totalidad de su verga golpeando mis nalgas con sus cargados
testículos. Me agarró con fuerza de los hombros lanzándome contra él y
empezó a follarme con rapidez entrando y saliendo de mi dolorido
orificio. Me sentía en la gloria siendo sodomizada de aquel modo. Hacía
mucho tiempo que no me lo hacían y la verdad es que la experiencia con
mi hijo superó todo lo imaginado. Los aullidos de dolor retumbaban en
toda la estancia. Aquel tremendo eje me quemaba por dentro llenando mis
exhaustos intestinos hasta el fondo.
Me quemas cabrón, me quemas por dentro. Es
demasiado para mí pobre culito. Me vas a destrozar por dentro pero me
encanta como lo haces. Es fantástico, menudo polvo me estas pegando,
cabronazo.
Toma puta, toma. Tienes un culo muy estrecho. Me cuesta moverme dentro de ti.
Eso es porque la tienes demasiado gruesa, -le
sonreí mientras decía esas palabras mirándole a los ojos. Fóllame más
deprisa, ¿es que no te vas a correr nunca? Lléname el culo con tu
caliente leche. Dámela toda, vamossssssssssss.
Mi querido hijo se quedó quieto y berreando como
un animal empezó a correrse en mi ávido culito el cual recibió aquella
cascada de esperma con grandes dosis de placer. Mil explosiones
resonaron en mi cabeza al acoger tal cantidad de leche y nuevamente
volví a correrme como una loca.
Me quedé pegada a él como una lapa, deseaba
alargar aquel momento hasta el infinito, no quería que acabase nunca,
levanté mi cuerpo hacia atrás notando cómo Gonzalo me acogía con su
fuerte brazo y me hacía sentir su dificultosa respiración tras aquel
combate sexual. Extrajo su candente dardo de mi interior y aprecié con
resignación cómo iba perdiendo parte de su rigidez. Nos separamos
finalmente y al volver a mirarle a los ojos me sentí un tanto
avergonzada pero mi hijo me facilitó las cosas al empezar a hablar con
total normalidad de lo sucedido. Le besé con pasión y le dije que me
acompañara a la cama que ambos necesitábamos recuperar las fuerzas
perdidas. Apagué el móvil y olvidé por completo la cita que tenía con mi
último amante. Al acordarme por la mañana no me importó pues supe que
sabría perdonármelo……..

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